Una historia de lucha por los derechos humanos

arcadio2Nací en una pequeña aldea, Xecam, en Cantel, departamento de Quetzaltenango, Guatemala, Centro América. El 2 de febrero de 1970. Novena generación de guías espirituales y líderes de la Comunidad maya. Mis abuelos, abuelas, papá y mamá, alcanzaron la plena convicción de convivir colectivamente con el medio sagrado que nos rodea, la Madre naturaleza, con la protección de la abuela Luna Ixmukane y el abuelo Sol Ixpiyakok. Un legado armonioso y maravilloso, estoy sumamente orgulloso por esta herencia ancestral milenaria Maya K’iche.

Mi familia fue azotada por la violencia física y la violencia del hambre, la pobreza extrema. Dos hermanas, una recién nacida y otra de un año de vida, murieron por desnutrición. Mi papá, Sebastián Salanic, me hermana Guillermina, mi hermano Domingo, (QEPD) murieron por los efectos del alcohol, que hoy en día sigue acarreando víctimas y sigue causando un lento genocidio para muchos pueblos, especialmente en estas comunidades mayas.

arcadio1Caminé por siete años descalzo, periodo escolar en un ambiente de racismo y discriminación, que sufrí con mis compañeros y mis maestros, pues ser indígena era ser totalmente distinto. No pude jugar, no tuve tiempo para esto, debía trabajar fuertemente la tierra. En mis años de escuela era una orden hablar en un idioma extranjero, el español, con violentos golpes en cualquier parte del cuerpo, con el cinturón o con la regla de madera, jalones de orejas, del cabello, con la punta del lápiz, empujones,…. Fueron mis primeras lágrimas en la comunidad que cimentó mi existencia de lucha.

A los trece años, empecé a convertirme en un catequista católico, posteriormente presté ayuda a la misma población escolar, por varios años y a la comunidad misma. Era una época en que resultaba una novedad tener un maestro propio de la comunidad. He visitado la mayor parte de pueblos indígenas en todo el país con el tema de la promoción y respeto de los derechos de los pueblos indígenas.

Siempre pensé que la vida es un reto constante, llegué hasta la Universidad, me encontré con un selecto grupo de compañeros ladinos, ninguno era indígena, con sistema de contenidos académicos soñadores en culturas ajenas y extrañando lo propio.

Hoy continuamos excluidos, la población mayoritariamente maya es pobre, extremadamente pobre. Continúa la violencia del hambre, la violencia racial en Guatemala, vinculada con la violencia contra los indígenas en América y en el mundo.

arcadio3Fue así que comencé a tomar contactos a nivel internacional desde mi testimonio personal, desde mi cuna maya. He visitado universidades, organizaciones de derechos humanos, iglesias,… he conocido personalidades, para poder contribuir en el fortalecimiento de la paz y la justicia, de manera conjunta era necesario romper barreras.

Una realidad que me llevó por más de una década viajando, con mis propios pensamientos, medios económicos mayormente, y una profunda meditación con la memoria de mis ancestros y la compañía espiritual de Mamá (Chayo) Rosario Salanic García de Salanic. Ahora con más de ochenta años de edad, ella es una anciana de primer orden, pues es una autoridad máxima según la filosofía maya. Después que militó como comadrona y gran sacerdotisa maya en toda su vida, sirviendo a la comunidad de manera admirable, el ejemplo que pocos no entenderán, esta gran dimensión de servicio comunitario indígena.

arcadio5Volviendo a mi experiencia, pude observar una parte del mundo en Francia, tan extraño. Seguidamente, Estados Unidos, donde algunos me recibieron con una actitud impresionante de felicidad, aparecí en los periódicos en páginas gigantescas y en televisiones. Otros no toleraron mi presencia.

Como producto de este largo camino, nace el Centro Maya para la Paz, el grano de maíz depositado en la madre tierra empieza a germinar, con el apoyo de la comunidad internacional. Funciona especialmente en la aldea dónde nací y sigo viviendo, en las cercanías de las faldas de las montañas y volcanes, sin renunciar a esta cuna maya y a esta cuna pobre, porque más de la mitad de la población de Guatemala es pobre o extremadamente pobre.

El 3 de noviembre de 2008, fui detenido por los agentes de inmigración del gobierno de los Estados Unidos. En prisión por un año y trece días, sin cometer acto criminal alguno, simplemente por ser pobre, por ser indígena y por construir puentes humanos entre nuestras comunidades. Soy un testimonio vivo del odio racial de los estadounidenses, de aquellos que administran aquel infierno. Recuerdo los rostros que me escupieron, me empujaron por no entender el lenguaje. Trabajé trece horas consecutivas en la cocina, ganando un dólar diario, supuestamente, pues nunca me pagaron ese dinero y nunca aparecieron mis pertenencias, regresé a mi patria con la ropa que pude recoger de la basura y me caí de las gradas del avión por tener las cadenas en los pies y en las manos, como un esclavo.

Sigo pensando que el siglo XXI debe marcar nuestra existencia de manera más armoniosa, más equilibrada entre la comunidad humana y la madre naturaleza, es el nuevo mensaje de reflexión que viene brillando con el nuevo BAQTUM de 2012, para la humanidad.

El Centro Maya para la Paz es una organización comunitaria que inicia un proceso de tejido ceremonial, con los colores más hermosos de amigos y amigas, amantes de la justicia y la paz entre nuestras comunidades en Guatemala y los Estados Unidos. Invito a todos, a ser parte de este círculo comunitario entre pueblos, compartiendo experiencias y solidaridad. Que la paz descanse sobre nuestros pensamientos y sobre su corazón, “SIB’ALAJ MALTYOX” (muchas gracias en idioma maya).

Para entrar en contacto con Arcadio Salanic Salanic:

E-mail: ajarcadio@gmail.com
o
arcadio.salanic@hotmail.com

Información sobre sus proyectos en su Mayan Center for Peace.